Artículo publicado originalmente en la web de los Dominicos de España
Las distracciones
La imaginación y la reflexión pueden arrastrarnos y llevarnos de “excursión”.
También lo de fuera es atrayente. Y cambiante: si nos fijamos en lo de fuera, nos ponemos interiormente en movimiento, y el silencio nos abandona. Dejamos de orar.
Durante el silencio uno recibe muchas “visitas”: ideas, conceptos, recuerdos, fantasías, etc. Son resistencias internas al silencio. Son, en el fondo, pasado y exterior.
Es muy fácil confundirnos con las visitas. Pero podemos limitarnos simplemente a verlas pues “el ojo que ve agresividad no tiene por qué estar lleno de agresividad”.
Debemos dejar que tranquilamente que se disipen las visitas, sin identificarnos con ellas.
“Existe un ‘parkinson’ espiritual que manifiesta nuestra confusión. Este pasaje de la Biblia [Gn 1,1-2] que estamos comentando dice que al principio existía la dispersión. Este origen expresa nuestra propia situación; es decir, el estado en que nos encontramos cuando nos disponemos a encontrar nuestro verdadero origen y encontrar a Dios, porque cuando uno inicia esta aventura espiritual advierte pronto su estado de dispersión, su constante parloteo, la imaginación no deja de ofrecernos fantasías y nos lleva de la ceca a la meca”(Desde, 25).
La maravillosa revelación
La maravillosa revelación a descubrir, si transitamos la senda de la oración con disciplina, es que nuestro espíritu está enraizado en Dios y que cada uno de nosotros tiene un destino eterno, un significado e importancia eternos. Desarrollaremos nuestra propia naturaleza con su infinito potencial, si emprendemos esta peregrinación a nuestro propio centro. No existe antagonismo entre la oración contemplativa, la oración vocal y la oración litúrgica. Rastrea una clase de desarrollo progresivo a través de estas formas. No es que llegamos a un estadio en nuestra vida.en donde al ir más allá, pasamos de la oración litúrgica a la vocal. La evolución que él verdaderamente vislumbra es un crecimiento en el deleite, al cual entramos con cualquier forma de oración que sea apropiada para el momento. Y todas estas formas de oración son, por supuesto, complementarias y, por lo tanto, debemos conocerlas tal cual son realmente: entrando en el interior de la oración ete...
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