La oración no me puede garantizar una experiencia de Dios. Dios no se deja manejar. Pero la oración me puede a llevar, aun en medio de toda la agitación exterior, al espacio interior de silencio. A veces experimento este espacio vacío y nada más. Otras veces, en cambio, está lleno de amor y misericordia de Dios. Entonces, en ese espacio, me adentro en mi mismo y en Dios. Por un instante barrunto la presencia sanante, liberadora y amorosa de Dios en mí. Pero para mí lo importante es que el camino hacia ese espacio interior pasa sólo a través de mi propia verdad. Tengo que descender al espacio del silencio pasando por mis pensamientos y mis emociones, por mis pasiones y por el dolor de mi mediocridad. Me encuentro, pues, con mi realidad, pero no me quedo clavado en ella, sino que a través de ella voy hasta el fondo de mi alma. Allí barrunto a Dios, que en mí sigue siendo siempre el misterio incomprensible, del que no puedo disponer a voluntad.
Anselm Grun OSB. La mística
Muchas almas
Muchas almas emprendieron y emprenden cada día este camino y perseveran mientras gustan las sabrosa dulzura de la miel y del fervor primitivo; pero apenas cesa esa suavidad y placer sensible, por la tempestad que sobreviene de la tribulación, tentación y sequedad, necesarias para llegar al monte de la perfección, cuando declinan y vuelven las espaldas al camino: señal manifiesta de que se buscaban a sí mismas y no a Dios y a la perfección. Miguel de Molinos. Guía espiritual
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