El deber de cualquier persona que haya tenido el menor atisbo del amor de Dios es protestar contra la inhumanamente cruel y falsa psicología del misticismo que presenta la "santidad" y la "contemplación" como riquezas que se adquieren. Como si la santidad y el misticismo fueran bienes que hemos de obtener para ser aceptables en el reino de Dios, del mismo modo que hay que tener un coche nuevo cada dos años, una casa de campo y un televisor para ser aceptable en las ciudades de los hombres. Al parecer, el coche nuevo y todo lo demás indican que su propietario no es un holgazán ni un perezoso, que es fiel a las normas vigentes. Del mismo modo, también se supone que los consuelos espirituales y las virtudes son el signo de que una persona ha trabajado lealmente al servicio de Dios. Pero a la experiencia contemplativa no se llega por la acumulación de visiones y pensamientos grandiosos ni por la práctica de mortificaciones heroicas. No es algo que se pueda comprar con moneda alguna, por muy espiritual que ésta pueda parecer. Es un don gratuito de Dios, y tiene que ser un don, ya que esto forma parte de su misma esencia. Es un don del que ninguna de nuestras acciones podrá jamás hacernos plena y estrictamente dignos. En efecto, la contemplación no es necesariamente un signo de merecimiento o de santidad. Es un signo de la bondad de Dios y nos capacita para creer más firmemente en Su bondad, para confiar más en Él y, sobre todo, para ser más fieles en nuestra amistad con Él. Éstos deberían ser nuevamente los frutos de la contemplación, pero no nos sorprendamos si la contemplación nace del puro vacío, en la pobreza, el abandono y la noche espiritual.
Thomas Merton OSB. Nuevas semillas de contemplación
La maravillosa revelación
La maravillosa revelación a descubrir, si transitamos la senda de la oración con disciplina, es que nuestro espíritu está enraizado en Dios y que cada uno de nosotros tiene un destino eterno, un significado e importancia eternos. Desarrollaremos nuestra propia naturaleza con su infinito potencial, si emprendemos esta peregrinación a nuestro propio centro. No existe antagonismo entre la oración contemplativa, la oración vocal y la oración litúrgica. Rastrea una clase de desarrollo progresivo a través de estas formas. No es que llegamos a un estadio en nuestra vida.en donde al ir más allá, pasamos de la oración litúrgica a la vocal. La evolución que él verdaderamente vislumbra es un crecimiento en el deleite, al cual entramos con cualquier forma de oración que sea apropiada para el momento. Y todas estas formas de oración son, por supuesto, complementarias y, por lo tanto, debemos conocerlas tal cual son realmente: entrando en el interior de la oración ete...
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