jueves, 14 de noviembre de 2019

La conversión

La conversión requiere que realicemos reajustes significativos en nuestra vida, en la forma de ver las cosas. Estos reajustes se pueden intelectualizar pero no se consiguen a través del pensamiento. Sólo se integran en la vida desde el poder creativo de nuestro propio corazón, desde nuestro centro. Por eso, entendemos mejor la meditación, no como un proceso de aprendizaje o una herramienta que podemos emplear para obtener los resultados que deseamos, sino más bien como un proceso de asombro y humildad profunda…
La meditación es tan importante que sólo podemos llegar a la verdad si tenemos la confianza de enfrentarnos a ella. Esta confianza surge del encuentro con el amor puro en nuestros corazones. Realmente, lo más importante que hay que saber en la vida y de por vida, es que Dios Es y que Dios es Amor… Es algo muy simple. La tarea más importante de todo el que quiera responder plenamente a su potencial, es saber que entramos en esa luz para purificarnos, para ser realizados, para descubrir nuestro potencial divino…
Tal vez la lección más valiosa que tenemos que aprender es que Jesús… ha transformado lo ordinario. Si vemos esto con claridad, podemos ver nuestro propio viaje espiritual, nuestra propia práctica religiosa, nuestra vida personal, todo bañado por la luz transformadora del amor de Cristo… Sólo podemos ver a través de su Luz. Lo que vemos nos transforma. Como dice San Juan, “nos volvemos como Él”.
Carla Cooper. Traducido por COMUNIDAD MUNDIAL DE MEDITACIÓNEspaña

miércoles, 13 de noviembre de 2019

La llamada

La llamada que cada uno de nosotros ha recibido revela nuestro potencial. Consiste en estar abierto a la experiencia de la conciencia sin división alguna, la experiencia de la unidad. Lo único que se requiere es que prestemos a este camino toda nuestra atención. Así, durante el tiempo de la meditación , di tu palabra sagrada, recita tu palabra, escucha tu palabra y despreocúpate de todo lo demás. 
John Main. Una palabra hecha camino

martes, 12 de noviembre de 2019

La fuerza

La fuerza de la meditación radica en que intentamos estar completamente en este momento presente sin pensar en el pasado, sin lamentarlo o llorar por él, y sin analizarlo, y tampoco planeando el futuro. Dios es. Dios es amor. Dios es ahora.


John Main. Una palabra hecha camino

lunes, 11 de noviembre de 2019

La meditación

En la meditación emprendemos un camino, nos adentramos en un sendero que nos lleva al ser, a abrirnos plenamente al hecho infinito de que somos. Creo que conviene distinguir entre el “ ser “ y la “ existencia “. Entiendo que el ser remite al hecho de que somos, mientras que la existencia hace referencia a cómo somos. Lo más importante que hemos de saber, comprender y experimentar es que la existencia brota del ser. El ser es incluso anterior a la conciencia: como hemos dicho, es el hecho de que somos. La existencia es todo aquello con lo que estamos familiarizados y en virtud de lo cual sabemos cómo somos. El ser no está condicionado por nada . La existencia está condicionada por todo.

John Main . Una palabra hecha camino

domingo, 10 de noviembre de 2019

Permíteme

Permíteme sin embargo hablar ante tu misericordia a mí, que soy polvo y ceniza. Déjame hablar, pues hablo a tu misericordia, y no a un hombre burlón que pueda mofarse de mí. Quizás aparezco risible ante tus ojos, pero tú te volverás hacia mí lleno de misericordia. ¿Qué es lo que pretendo decir, Dios y Señor mío, sino que ignoro cómo vine a dar a ésta que no sé si llamar vida mortal o muerte vital? Y me recibieron los consuelos de tu misericordia según lo oí de los que me engendraron en la carne, esta carne en la cual tú me formaste en el tiempo; cosa de la cual no puedo guardar recuerdo alguno. Recibiéronme pues las consolaciones de la leche humana. Ni mi madre ni sus nodrizas llenaban sus pechos, eras tú quien por ellas me dabas el alimento de la infancia, según el orden y las riquezas que pusiste en el fondo de las cosas. Don tuyo era también el que yo no deseara más de lo que me dabas; y que las que me nutrían quisieran darme lo que les dabas a ellas. Porque lo que me daban, me lo daban llevadas del afecto natural en que tú las hacías abundar; el bien que me daban lo consideraban su propio bien. Bien que me venía no de ellas, sino por ellas, ya que todo bien procede de tí, mi Dios y toda mi salud. Todo esto lo entendí más tarde por la voz con que me hablabas, por dentro y por fuera de mí, a través de las cosas buenas que me concedías. Porque en ese entonces yo no sabía otra cosa que mamar, dejarme ir en los deleites y llorar las molestias de mi carne. No sabía otra cosa. Más tarde comencé a reír, primero mientras dormía, y luego estando despierto. Así me lo han contado, y lo creo por lo que vemos de ordinario en los niños; pues de lo mío nada recuerdo. Poco a poco comencé a sentir en dónde estaba, y a querer manifestar mis deseos a quienes me los podían cumplir, pero no me era posible, pues mis deseos los tenía yo dentro, y ellos estaban afuera y no podían penetrar en mí. Entonces agitaba mis miembros y daba voces para significar mis deseos, los poco que podía expresar, y que no resultaban fáciles de comprender. Y cuando no me daban lo que yo quería, o por no haberme entendido o para que no me hiciera daño, me indignaba de que mis mayores no se me sometieran y de que los libres no me sirvieran; y llorando me vengaba de ellos. Más tarde llegué a saber que así son los niños; y mejor me lo enseñaron ellos, que no lo sabían, que no mis mayores, que sí lo sabían. Y así, esta infancia mía, ha tiempo ya que murió, y yo sigo viviendo. Pero tú, Señor, siempre vives, y no hay en ti nada que muera. Porque tú existes desde antes del comienzo de los tiempos, antes de que se pudiera decir antes, y eres Dios y Señor de todo cuanto creaste. En ti está la razón de todas las cosas inestables; en ti el origen inmutable de todas las cosas mudables, y el porqué de las cosas temporales e irracionales. Dime, Señor misericordioso, a mí, tu siervo que te lo suplica, si mi infancia sucedió a otra edad más anterior. ¿Sería el tiempo que pasé en el seno de mi madre? Pues de ella se me han dicho muchas cosas, y he visto también mujeres preñadas. 3. ¿Qué fue de mí, Dios y dulzura mía, antes de eso? ¿Fui alguien y estuve en alguna parte? Porque esto no me lo pueden decir ni mi padre ni mi madre, ni la experiencia de otros, ni mi propio recuerdo. Acaso te sonríes de que te pregunte tales cosas, tú que me mandas reconocer lo que sé y alabarte por ello. Te lo confieso pues, Señor del cielo y de la tierra, y te rindo tributo de alabanza por los tiempos de mi infancia, que yo no recuerdo, y porque has concedido a los hombres que puedan deducir de lo que ven y hasta creer muchas cosas de sí mismos por lo que dicen mujeres iletradas. Existía yo pues, y vivía en ese tiempo, y hacia el fin de mi infancia buscaba el modo de hacer comprender a otros lo que sentía. ¿Y de quién sino de ti podía proceder un viviente así? No puede venirnos de afuera una sola vena por la que corre en nosotros la vida, y nadie puede ser artífice de su propio cuerpo. Todo nos viene de ti, Señor, en quien ser y vivir son la misma cosa, pues el supremo existir es supremo vivir. Sumo eres, y no admites mutación. Por ti no pasan los días, y sin embargo pasan en ti, porque tú contienes todas las cosas con todos sus cambios. Y porque tus años no pasan (Sal. 101, 28), tú vives en un eterno Día, en un eterno Hoy. ¡Cuántos días de los nuestros y de nuestros padres han pasado ya por este Hoy tuyo, del que recibieron su ser y su modo!; ¿y cuántos habrán de pasar todavía y recibir de él la existencia? "Tú eres siempre el mismo" (Sal. 101, 28); y todo lo que está por venir en el más hondo futuro y lo que ya pasó, hasta en la más remota distancia, Hoy lo harás, Hoy lo hiciste. ¿Y qué más da si alguno no lo entiende? Alégrese cuando pregunta: ¿qué es esto? Porque más le vale encontrarte sin haber resuelto tus enigmas, que resolverlos y no encontrarte. 

San Agustín. Confesiones

sábado, 9 de noviembre de 2019

Doblo mis rodillas

Doblo mis rodillas ante el Padre, de quien procede toda familia en los cielos y en la tierra, para que, conforme a la riqueza de Su gloria, os robustezca con la fuerza de su espíritu, de modo que crezcáis interiormente. Que Cristo habite por la fe en vuestros corazones; que viváis arraigados y fundamentados en el amor. Así podréis comprender, junto con todos los creyentes, cuál es la verdadera anchura, la longitud, la altura y la profundidad del amor de Cristo; un amor que supera todo conocimiento y que os llena de la plenitud misma de Dios. Ef 3,14-19.
San Agustín. Confesiones

viernes, 8 de noviembre de 2019

La gran invitación

Esta es la gran invitación del cristianismo: descubrir el fundamento de tu ser y, gracias a ello, encontrar y experimentar tu libertad.

John Main. Una palabra hecha camino