Pero tú, Señor

Pero tú, Señor, justísimo moderador del universo, desde el abismo de tus justos juicios y sin que lo sepan ni los consultantes ni los consultados, con oculta providencia haces que el consultante oiga lo que según los méritos de su alma le conviene oír. Y que nadie diga: ¿Qué es esto, o para qué es esto? Que nadie lo diga, porque es nada más un hombre.

San Agustín. Confesiones

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