Te escucho, Dios, y veo, y palpo en el latido de todo lo que en ti me vive.
Y me dejo llorar en tu rocío, Señor del universo, mientras, armado de valor, me hundo y más me hundo en el pozo abisal de tus silencios.
Tú, voz de toda voz, aliento en todo aliento, reclamo a todas horas; cauce y camino virgen donde el miedo a perderte se evapora, al borde de este instante, cuando el asombro brota.
Rafael Redondo. El brotar de un asombro
Muchas almas
Muchas almas emprendieron y emprenden cada día este camino y perseveran mientras gustan las sabrosa dulzura de la miel y del fervor primitivo; pero apenas cesa esa suavidad y placer sensible, por la tempestad que sobreviene de la tribulación, tentación y sequedad, necesarias para llegar al monte de la perfección, cuando declinan y vuelven las espaldas al camino: señal manifiesta de que se buscaban a sí mismas y no a Dios y a la perfección. Miguel de Molinos. Guía espiritual
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