La oración es un quehacer espiritual, a veces difícil. Ahora bien, es un quehacer espiritual de amor y de deseo. No es algo que se pueda practicar sin esfuerzo, al menos al principio. Y la sinceridad, la humildad y la perseverancia de nuestros esfuerzos serán proporcionales a nuestro deseo. Éste deseo es, a su vez, don de la gracia. Cualquier persona que se imagine que simplemente puede empezar a hacer la oración sin pedir el deseo y la gracia para hacerlas, pronto abandonará. Ahora bien, el deseo de orar y la gracia para empezar a orar deben tomarse como una promesa implícita de nuevas gracias. En la oración, como en todo lo demás en la vida cristiana, todo depende de nuestra correspondencia a la gracia del Espíritu Santo.
Thomas Merton OSB. Nuevas semillas de contemplación
Muchas almas
Muchas almas emprendieron y emprenden cada día este camino y perseveran mientras gustan las sabrosa dulzura de la miel y del fervor primitivo; pero apenas cesa esa suavidad y placer sensible, por la tempestad que sobreviene de la tribulación, tentación y sequedad, necesarias para llegar al monte de la perfección, cuando declinan y vuelven las espaldas al camino: señal manifiesta de que se buscaban a sí mismas y no a Dios y a la perfección. Miguel de Molinos. Guía espiritual
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