«Habitados por Dios» es la traducción del término griego theophoroii. Un término denso, que expresa la calidad espiritual de los monjes que han alcanzado la perfección, es decir, la divinización. Son hombres que ya no se pertenecen a sí mismos, sino que el Espíritu habla a través de ellos, y ellos sólo hablan en el Espíritu. Por esta presencia total de Dios en ellos, la Iglesia de Oriente concede a sus palabras y a los hechos de sus vidas casi la misma autoridad que a las Escrituras. «Todos los Padres han recibido del mismo Espíritu Santo», dice explícitamente Pedro Damasceno. E inmediatamente después deja escapar una confidencia: «En el mismo instante de tomar la pluma y de ponerme a escribir, descubría lo que tenía que decir. A partir de ese momento, estaba habitado por Aquel que me obligaba a escribir». Un solo Espíritu que inspira un solo mensaje, un solo itinerario del conocimiento, a través de autores distantes entre sí en el tiempo, pero habitantes todos ellos de la misma orilla oriental del Mediterráneo.
Javier Melloni SJ. Espiritualidad en la Filocalia
Muchas almas
Muchas almas emprendieron y emprenden cada día este camino y perseveran mientras gustan las sabrosa dulzura de la miel y del fervor primitivo; pero apenas cesa esa suavidad y placer sensible, por la tempestad que sobreviene de la tribulación, tentación y sequedad, necesarias para llegar al monte de la perfección, cuando declinan y vuelven las espaldas al camino: señal manifiesta de que se buscaban a sí mismas y no a Dios y a la perfección. Miguel de Molinos. Guía espiritual
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