El hombre está envuelto en tinieblas, porque es víctima de sus propias pasiones. Y es víctima de sus pasiones por un centramiento sobre sí mismo que le embota más y más, quedando atrapado por sus propias pulsiones (el deseo y el ardor). Y así, cuanto más se deja llevar por sus propias apetencias y voluntades, tanto más se va secando y endureciendo. La conversión supone caer en la cuenta de este encerramiento y hacer un acto de confianza en Aquel que está fuera de uno mismo y que, a la vez, está en lo más profundo de uno mismo, como una fuente inagotable que brota del corazón (Jn 4,14). Por eso la fe es considerada como el primero de los dones: porque supone este acto de confianza en Otro, que es el Origen de la Vida, que está en mí pero que no me pertenece, sino que yo le pertenezco a El, y que sólo puede manifestarse si el hombre renuncia a su autocentramiento, a la absolutización de sí mismo.
Javier Melloni SJ. La espiritualidad de la Filocalia
Muchas almas
Muchas almas emprendieron y emprenden cada día este camino y perseveran mientras gustan las sabrosa dulzura de la miel y del fervor primitivo; pero apenas cesa esa suavidad y placer sensible, por la tempestad que sobreviene de la tribulación, tentación y sequedad, necesarias para llegar al monte de la perfección, cuando declinan y vuelven las espaldas al camino: señal manifiesta de que se buscaban a sí mismas y no a Dios y a la perfección. Miguel de Molinos. Guía espiritual
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