Aquellos que, en un ardiente anhelo de fe, toman sobre sus espaldas la cruz y siguen a Cristo, sufren durante toda su vida. Ellos son confortados por la esperanza de que al salir de este mundo entrarán en la esfera luminosa “ donde Él está “: “el que me sirva, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Al que me sirva, el Padre le honrará “ (Jn 12,26).
Muchas almas
Muchas almas emprendieron y emprenden cada día este camino y perseveran mientras gustan las sabrosa dulzura de la miel y del fervor primitivo; pero apenas cesa esa suavidad y placer sensible, por la tempestad que sobreviene de la tribulación, tentación y sequedad, necesarias para llegar al monte de la perfección, cuando declinan y vuelven las espaldas al camino: señal manifiesta de que se buscaban a sí mismas y no a Dios y a la perfección. Miguel de Molinos. Guía espiritual
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