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En la paz del corazón se disipan las inquietudes sobre ti mismo. Lo más importante para ti es descubrir que Dios te ama. Y su amor es presencia y perdón. Es porque su perdón irradia confianza en que la paz del corazón es posible y hasta cierta. El te ama incluso si tú piensas en no amarle. Y vendrá un día en que tú le dirás: te amo, quizá no como yo quisiera, pero te amo. Frère Roger de Taizé. Cartas de Taizé
Artículo publicado originalmente en la web de los Dominicos de España Los estados de sequedad espiritual A los estados de sequedad espiritual no hay que darles importancia. Querer luchar contra ello es como pretender cambiar el ciclo cósmico. De forma natural hay otoños, inviernos… y primaveras: todo pasa. No hay que esperar nada cuando hacemos oración: el que espera algo es el ego.
Artículo publicado originalmente en la web de los Dominicos de España La imagen Cada uno tiene una imagen de sí mismo, la que él se crea, la que le dan los otros, etc. La sociedad nos habla de “proteger la imagen”. Cuando el entorno no respeta la imagen que uno tiene, nos resentimos por dentro, nuestra sensibilidad brama. A veces uno muestra distintas imágenes en distintas situaciones. Cuando ejercemos un papel, preferimos esconder lo que somos y mostrar otra imagen: la vida así es como un teatro. Ofrecer distintas imágenes es ofrecer apariencias, es representar una comedia. El actor esconde su personalidad y muestra otra. Nuestra preocupación por la imagen es reflejo de una carencia interior del ser. Cuando vivimos desde el silencio interior no cabe el teatro. La verdadera vida se halla cuando no hay imágenes. Uno se siente vivo cuando se da cuenta de ello. La verdad es la desnudez. Lo que no pasa, lo que permanece, es lo que somos.
Artículo publicado originalmente en la web de los Dominicos de España El desorden interior Puede ocurrir que un cierto desorden se adueñe de nosotros en las horas de silencio. Esta experiencia llega a ser un tormento. Nos topamos con el caos que hay en nuestro interior. Lo que en la vida no se ha asumido siempre nos golpea. El mundo inconsciente aparece consciente. Pero no hay que sentirse culpables ni avergonzarse de nada, simplemente hay que mirarlo. No hay que sentir ningún apuro ni escalofrío. Y así se irá aquietando todo, y el fondo de la vida se hará presente. Ante el desorden interior es bueno contemplar la naturaleza. Buscar su belleza, su armonía, su equilibrio. Así despertará en nuestro interior el orden, y con él, la belleza y el perfume de la vida. La experiencia interior del silencio nos va ordenando. Nos pone en armonía. Dentro encontramos el sosiego, la calma. Cuando hacemos silencio, no hay que hacer nada, todo se recoloca y se asienta por sí solo. “El agua revuelta n...
Artículo publicado originalmente en la web de los Dominicos de España Las distracciones La imaginación y la reflexión pueden arrastrarnos y llevarnos de “excursión”. También lo de fuera es atrayente. Y cambiante: si nos fijamos en lo de fuera, nos ponemos interiormente en movimiento, y el silencio nos abandona. Dejamos de orar. Durante el silencio uno recibe muchas “visitas”: ideas, conceptos, recuerdos, fantasías, etc. Son resistencias internas al silencio. Son, en el fondo, pasado y exterior. Es muy fácil confundirnos con las visitas. Pero podemos limitarnos simplemente a verlas pues “el ojo que ve agresividad no tiene por qué estar lleno de agresividad”. Debemos dejar que tranquilamente que se disipen las visitas, sin identificarnos con ellas. “Existe un ‘parkinson’ espiritual que manifiesta nuestra confusión. Este pasaje de la Biblia [Gn 1,1-2] que estamos comentando dice que al principio existía la dispersión. Este origen expresa nuestra propia situación; es decir, el estado en ...
Artículo publicado originalmente en la web de los Dominicos de España Para prestar atención a la oración es necesario acallar el ego. El silencio es la descolonización del ego. El ego es el centro de nuestro afán de tener, saber y poder: es el trío que nos domina. “Lo propio del ego es alcanzar, conquistar, llegar, tener, poseer; lo propio del interior es dar, ofertar, regalar, ofrecer, sencillamente dar […]. El ego vive con gran inseguridad apoyándose en lo que logra, en lo que tiene […]. Por el contrario, cuando uno está en el plano interior, allí no se teme nada porque ya se ha ganado todo”(Desde, 113). “Y también le preguntan al monje: ‘¿Pero cómo has huido del mundo?’. Y él decía: ‘No, no, yo no he huido del mundo, es el mundo quien ha ido huyendo de mí. Se ha ido todo lo que no necesito” (Desde, 94). Nuestro ego necesita siempre alimentarse de ideas y pensamientos para sentirse que está vivo. Sólo presta atención a lo complejo, por eso no valora la experiencia del silencio. Si ...
A veces los contemplativos piensan que tienen que encontrar todo el fin y la esencia de su vida en el recogimiento, la paz interior y el sentido de la presencia de Dios. Y se apegan a estas cosas. Pero el recogimiento es una cosa creada, lo mismo que un automóvil. El sentido de paz interior no es menos creado que una botella de vino. La conciencia experiencial de la presencia de Dios es verdaderamente una cosa tan creada como un vaso de cerveza. La única diferencia es que el recogimiento, la paz interior y el sentido de la presencia de Dios son placeres espirituales, y los otros son materiales. El apego a las cosas espirituales es un apego del mismo género que el amor desordenado a cualquier otra cosa. La imperfección puede ser más secreta y sutil, pero, desde un cierto punto de vista, eso solo hace que sea más perjudicial, porque resulta más difícil de reconocer. De ahí que muchos contemplativos nunca lleguen a ser grandes santos, nunca entren en íntima amistad con Dios, nunca encuent...