Mi principal preocupación no debería ser encontrar el placer o el éxito, la salud, la vida, el dinero, el descanso, ni siquiera la virtud y la sabiduría ( y mucho menos sus contrarios: el sufrimiento, el fracaso, la enfermedad y la muerte). En todo cuanto sucede, mi único deseo y mi única alegría debería ser saber “esto es lo que Dios ha querido para mí" . En esto se encuentra Su amor y, al aceptarlo, puedo devolverle Su amor y darme con amor a Él. Pues dándome encontraré a Aquel que es la vida eterna. Thomas Merton OSB. Nuevas semillas de contemplación
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¡Tarde te amé, hermosura siempre antigua y siempre nueva! Tarde te amé. Tú estabas dentro de mí, pero yo andaba fuera de mí mismo, y allá afuera te andaba buscando. Me lanzaba todo entre las hermosuras que tú creaste. Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo; me retenían lejos de ti cosas que no existirían si no existieran en ti. Pero tú me llamaste, y más tarde me gritaste, hasta romper finalmente mi sordera. Con tu fulgor espléndido pusiste en fuga mi ceguera. Tu fragancia penetró en mi respiración y ahora suspiro por ti. Gusté tu sabor y por eso ahora tengo más hambre y más sed de ese gusto. Me tocaste, y con tu tacto me encendiste en tu paz. San Agustín. Confesiones
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La soledad más verdadera no es exterior a nosotros, no es una ausencia de personas o sonidos a nuestro alrededor; es un abismo que se abre en el centro de nuestra alma. Y este abismo de soledad interior es una hambre que ninguna cosa creada podrás satisfacer jamás. Thomas Merton OSB. Nuevas semillas de contemplación
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En los grandes santos se encuentra la coincidencia entre perfecta humildad y perfecta integridad. Resulta que ambas cosas son prácticamente lo mismo. El santo es distinto de todos los demás, precisamente porque es humilde. Por lo que respecta a las circunstancias de esta vida, la humildad puede contentarse con cualquier cosa que satisfaga a los seres humanos en general. Pero ello no significa que la esencia de la humildad consista en ser como todos los demás. Al contrario: la humildad consiste precisamente en ser la persona que somos realmente ante Dios; y como no hay dos personas iguales, quien tiene la humildad de ser el mismo no será como ninguna otra persona en todo el universo. Pero esta individualidad no se afirmará necesariamente en la superficie de la vida diaria. No será una cuestión de meras apariencias, opiniones, gustos o modos de hacer las cosas, sino que se encuentra en lo profundo del alma. Para las personas verdaderamente humildes, las maneras de ser, costumbres y há...