Eres susurro suave, imperceptible,
que hoy despunta en tu entraña inaugurada;
eres gemido en perla de alborada,
eres eco que se oye en lo inaudible…
Pequeño niño, albor de lo invisible,
relámpago de Luz recién brotada
en las grietas de esta alba enamorada
que los ojos de Él se ha hecho tangible…
Dios se dejó hoy nacer en ti, y, desnudo,
se deja en ti habitar: vuela en las alas
de tu forma, oh, niño, Ser del viento.
Te traspasó la Lumbre, y yo tan mudo,
frente a tu respirar; frente a las
brisas de luz que alientan hoy tu aliento…
Rafael Redondo. El brotar de un asombro
Muchas almas
Muchas almas emprendieron y emprenden cada día este camino y perseveran mientras gustan las sabrosa dulzura de la miel y del fervor primitivo; pero apenas cesa esa suavidad y placer sensible, por la tempestad que sobreviene de la tribulación, tentación y sequedad, necesarias para llegar al monte de la perfección, cuando declinan y vuelven las espaldas al camino: señal manifiesta de que se buscaban a sí mismas y no a Dios y a la perfección. Miguel de Molinos. Guía espiritual
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