Escucha, Dios.
Yo nunca hablé contigo.
Hoy quiero saludarte. ¿Cómo estás?
Tú sabes, me decían que no existes.
Y yo, tonto, creí que era verdad.
Anoche vi tu cielo.
Me encontraba oculto en un hoyo de granada.
Quién iría a creer que para verte
bastaba con tenderse uno de espaldas.
No sé si aún querrás darme la mano.
Al menos creo que me entiendes.
Disculpa, debo irme.
La ofensiva será horrible esta noche.
Quién sabe, tal vez llame yo a tu puerta.
¿Me recibirás si hasta ti llego?
Tarde te descubrí, cuánto lo siento.
¡Qué raro! Sin temor voy a la muerte.
PLEGARIA DE UN SOLDADO
El texto anterior se encontró en el bolsillo de un soldado muerto en acción durante una de las tantas terribles guerras del siglo XX.
La maravillosa revelación
La maravillosa revelación a descubrir, si transitamos la senda de la oración con disciplina, es que nuestro espíritu está enraizado en Dios y que cada uno de nosotros tiene un destino eterno, un significado e importancia eternos. Desarrollaremos nuestra propia naturaleza con su infinito potencial, si emprendemos esta peregrinación a nuestro propio centro. No existe antagonismo entre la oración contemplativa, la oración vocal y la oración litúrgica. Rastrea una clase de desarrollo progresivo a través de estas formas. No es que llegamos a un estadio en nuestra vida.en donde al ir más allá, pasamos de la oración litúrgica a la vocal. La evolución que él verdaderamente vislumbra es un crecimiento en el deleite, al cual entramos con cualquier forma de oración que sea apropiada para el momento. Y todas estas formas de oración son, por supuesto, complementarias y, por lo tanto, debemos conocerlas tal cual son realmente: entrando en el interior de la oración ete...
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