Entradas

En la vida...

  En la vida interior no debemos tomar nunca nuestras propias experiencias (o la falta de ellas) como norma para otro cualquiera. Quien trabajó duro para llegar a la contemplación y después raras veces goza de la perfección de esta obra, fácilmente puede llevarse a engaño al hablar, pensar o juzgar a otras personas en base a su propia experiencia. En el mismo sentido, el hombre que con frecuencia experimenta las delicias de la contemplación -al parecer, casi siempre que quiere- puede errar si mide a los otros por sí mismo. No pierdas el tiempo en estas comparaciones. La Nube del no saber. Anónimo S. XIV

En su sabiduría...

Dios, en su sabiduría, determina el curso y el carácter de la dirección contemplativa de cada uno, según los talentos y los dones que le ha dado. Es cierto que algunas personas no llegan a la contemplación sin pasar por un largo y difícil proceso espiritual, y aun entonces sólo raras veces conocen su perfección en la delicia del éxtasis llamado rapto. Hay otros, sin embargo, tan transformados espiritualmente por la gracia, que han llegado a una intimidad tan grande con Dios en la oración, que parecen poder estar en profundo abismamiento, o volver a él cuando quieren, aun en medio de su rutina diaria, ya estén sentados, de pie, caminando o de rodillas. Se las arreglan para mantener el pleno control y uso de sus facultades físicas y espirituales en todo momento, no sin alguna dificultad quizá, pero no mucha. La Nube del no saber. Anónimo S. XIV

Siempre...

  Siempre que estás ocupado en cosas materiales, por buenas que sean en sí mismas, estás ocupado en algo que es exterior a ti y que está por debajo de ti en el orden de la creación. Otras veces estarás absorto en introspección en el     ámbito más sutil de tu conciencia, pues a medida que crezcas en el conocimiento propio y en la humana perfección, tus facultades espirituales se dirigirán hacia tu desarrollo espiritual, los buenos hábitos que vas adquiriendo, los malos que vas dominando y tus relaciones con los demás. En tales momentos estás ocupado en algo que es interior a ti mismo y que está a tu mismo nivel de hombre. Pero habrá veces también en que tu alma se vea libre de toda ocupación en algo material o espiritual y totalmente absorta en el ser de Dios mismo. Esta es la actividad contemplativa. La Nube del no saber. Anónimo S. XIV

Cuando arrastrados...

  Cuando arrastrados por el Espíritu levantamos nuestros ojos y nuestras manos hacia los cielos donde brillan las estrellas, alabamos a Dios en un hermoso gesto de devoción. Si el Espíritu Santo inspira en nosotros tal plegaria, debemos seguirle. Pero, por otra parte, no debemos preocuparnos del gesto, porque todo gesto físico ha de sujetarse al espíritu y no viceversa. La Nube del no saber. Anónimo S. XIV

Aparte...

Aparte del alto valor simbólico de dirigirse hacia arriba, la dirección de este movimiento, sin embargo, es totalmente accidental a la realidad espiritual. Pues en el reino del espíritu, el cielo está tan cerca de arriba como de abajo, de detrás como de delante, de la izquierda como de la derecha. El acceso al cielo se hace a través del deseo. El que desea estar en él, realmente está allí en espíritu. La senda que lleva al cielo se mide por el deseo y no por los kilómetros. Por esta razón san Pablo dice en una de sus cartas: «Para nosotros nuestra patria está en el cielo...». Otros santos han dicho sustancialmente lo mismo, pero de diferentes maneras. Quieren decir que el amor y el deseo constituyen la vida del espíritu. Y el espíritu mora donde mora su amor, tan ciertamente como mora en el cuerpo al que llena de vida. ¿Entiendes mejor ahora? No necesitamos tensar nuestro espíritu en todas las direcciones para llegar al cielo, pues ya vivimos en él por el amor y el deseo. La Nube del n...

Objetas...

  Objetas ahora que, puesto que nuestro Señor ascendió a su Padre físicamente como Dios y como hombre, la ascensión tiene también para nosotros una lección tanto física como espiritual. A esto he de contestar diciendo que en su ascensión la humanidad de nuestro Señor quedó transformada y que su cuerpo, aunque físico, era un cuerpo inmortal. Había muerto, pero en su resurrección se vistió de inmortalidad. Sabemos que nuestros cuerpos resucitarán también en gloria en el último día. Serán, pues, espiritualizados y tan ágiles como lo es ahora nuestro pensamiento. Arriba o abajo, izquierda o derecha, detrás o delante serán una y la misma cosa, como nos dicen los teólogos. Pero todavía no hemos recibido esta gloria, y por lo mismo sólo podemos subir al cielo de una manera espiritual, que no tiene nada que ver con la dirección de la que hablamos ordinariamente. La Nube del no saber. Anónimo S. XIV

Todo aquel

  Todo aquel que no emprenda el camino arduo del cielo se deslizará fácilmente por el camino del infierno, como veremos cada uno de nosotros el último día.   La Nube del no saber. Anónimo S. XIV