Si Dios quiere que yo vaya detrás de un arado, nunca llegaré a ser
santo si aspiro a ser poeta. Y, por el contrario, si quiere que sea
poeta, la única manera que tendré de alcanzar la santidad será siendo
el mejor poeta que pueda. Ésa es la lección de la parábola de los
talentos. Hemos de trabajar con lo que Dios nos da. Si sólo me ha dado
un talento, no me excluirá del cielo por no poseer dos. Si quiere que
sea General, nunca llegaré a Él despojándome del bastón de mando para
tomar con falsa humildad un fusil como un soldado. Y he de utilizar el
bastón de mando como llave para el cielo, pues ninguna otra arma,
bastón o báculo podría abrir aquella cerradura. Esto es lo que debemos
de aprender y recordar.
Lo que estropea nuestras vidas es tanto enterrar nuestros talentos,
como luchar por ser algo para lo que no fuimos creados. Es decir, lo
que nos impide ser santos es querer ser lo que no somos, pues eso
significa estar insatisfecho con la voluntad de Dios con respecto a
los nosotros.
Raymond. Trapense. Tres monjes rebeldes
Muchas almas
Muchas almas emprendieron y emprenden cada día este camino y perseveran mientras gustan las sabrosa dulzura de la miel y del fervor primitivo; pero apenas cesa esa suavidad y placer sensible, por la tempestad que sobreviene de la tribulación, tentación y sequedad, necesarias para llegar al monte de la perfección, cuando declinan y vuelven las espaldas al camino: señal manifiesta de que se buscaban a sí mismas y no a Dios y a la perfección. Miguel de Molinos. Guía espiritual
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