La llave del cielo, o si lo preferís, el secreto de la santidad, no estriba en oraciones y en prácticas piadosas. Nunca. Estriba en hacer la voluntad de Dios con buena voluntad.
Muchas almas emprendieron y emprenden cada día este camino y perseveran mientras gustan las sabrosa dulzura de la miel y del fervor primitivo; pero apenas cesa esa suavidad y placer sensible, por la tempestad que sobreviene de la tribulación, tentación y sequedad, necesarias para llegar al monte de la perfección, cuando declinan y vuelven las espaldas al camino: señal manifiesta de que se buscaban a sí mismas y no a Dios y a la perfección. Miguel de Molinos. Guía espiritual
Mientras viva disperso en las cosas y detalles y mientras no esté unificado en mí, no puedo ver significados religiosos, porque Dios aparece de un modo simbólico en la totalidad. Lo sagrado no son las cosas, sino la realidad misma. Franz Jalics. El encuentro con Dios
“Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer; Vos me lo disteis, a Vos, Señor, lo torno; todo es vuestro, disponed a toda vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia que ésta me basta” “Oración de entrega” de San Ignacio. Ejercicios Espirituales 234,4-5
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