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Si pudiésemos

Si pudiésemos comprender que el problema no es que el resultado de nuestros proyectos o acciones sea bueno, funcione bien, sino en OFRECER, todo sería mucho más sencillo: nuestras miserias, nuestros sufrimientos, nuestros defectos, nuestros mismos pecados, hasta esos días en los que tenemos la impresión de haber fracasado. La materia de un sacrificio no hace falta que sea noble, basta que sea OFRECIDA. En vez de OFRECER un día perfecto (¿qué significa eso?) OFRECEMOS un día lamentable. ¿Qué importa, con tal de que se OFREZCA? Dios puede hacer lo que quiera con el menor instante de nuestra vida si nosotros estamos decididos a OFRECERSELO tal como es. La Oración del corazón . Jean Lafrance 

Silvano del Monte Athos

Silvano del Monte Athos decía que, al fin, el ÚNICO criterio que tenemos para conocer si estamos en el camino de la oración total, es el AMOR A LOS ENEMIGOS en el sentido evangélico.   Decía Casiano que una señal evidente de que el alma no está todavía purificada, es que no tiene compasión de los pecados del prójimo, sino que los JUZGA severamente. Es preciso llegar a ser personas DESARMADAS, sin miedo, que avanzan con las MANOS ABIERTAS hacia la acogida y el amor, porque dentro de ellos vive la certeza de la resurrección. La Oración del corazón. Jean Lafrance

Aun cuando

Aun cuando posteriormente otro modo le guste más, deberá pensar: Este modo te lo asignó Dios, y por eso debe resultarle el mejor de todos. A este respecto ha de confiar en Dios y tiene que incluir todos los buenos modos en este mismo modo y aceptar todas las cosas en él y conforme con él cualquiera sea su índole. Porque el bien que Dios ha hecho y otorgado a determinado modo, se puede encontrar también en todos los modos buenos. Justamente en un solo modo deben aprehenderse todos los modos buenos y no la peculiaridad de este modo. Pues, en cada caso el hombre tiene que hacer una sola cosa, no puede hacerlas todas. Ha de ser una sola cosa por vez y [justamente] en ésta deben agarrarse todas. Porque, si el hombre quisiera hacerlo todo, esto y aquello, y abandonar su modo y adoptar el de otra persona, que en ese momento le gustaba mucho más, en verdad, se produciría así una gran inconstancia. Resulta que un hombre que abandonara el mundo y entrara de una vez por todas en una sola orden, l...

El hombre que quiere

El hombre que quiere emprender una vida u obra nuevas, debe dirigirse hacia su Dios, y solicitarle con gran fuerza y perfecta devoción que le disponga lo óptimo de todo y aquello que quiera más y que le resulte lo más digno, y que con ello no quiera ni pretenda lo suyo sino únicamente [hacer] la queridísima voluntad de Dios y nada más. Luego, cualquier cosa que Dios disponga para él, la aceptará inmediatamente de Dios y la considerará lo óptimo para sí mismo y se contentará con ella total y perfectamente.   Maestro Eckhart. Tratados y sermones

Que uno aprenda

Que uno aprenda a desasirse de sí mismo hasta no retener ya nada propio. Todo el tumulto y la discordia provienen siempre de la propia voluntad, no importa que uno lo note o no. Uno mismo debe entregarse, junto con todo lo suyo, a la buena y queridísima voluntad de Dios, mediante el puro desasimiento del querer y apetecer, y esto con respecto a todo cuanto uno pueda querer o apetecer con miras a cualquier cosa.   Maestro Eckhart. Tratados y sermones

La terapia divina

La terapia divina es un acuerdo que hacemos con Dios. Reconocemos que nuestras ideas propias acerca de la felicidad no van a dar resultado, y entregamos nuestras vidas completamente al Señor. Thomas Keating. La condición humana

El hombre debe aprender

El hombre debe aprender a sacar de su interior su sí-mismo y a no retener nada propio y a no buscar nada, ni provecho ni placer ni ternura ni dulzura ni recompensa ni el paraíso ni la propia voluntad. Dios nunca se entregó, ni se entregará jamás, a una voluntad ajena. Sólo se entrega a su propia voluntad. Donde Dios encuentra su voluntad, ahí se entrega y se abandona a ella con todo cuanto es. Y cuanto más dejemos de ser en cuanto a lo nuestro, tanto más verdaderamente llegaremos a ser dentro de ésta [la voluntad divina]. Por ello no es suficiente que renunciemos una sola vez a nosotros mismos y a todo cuanto poseemos y podemos, sino que debemos renovarnos con frecuencia y hacer que nosotros mismos seamos simples y libres en todas las cosas.   Maestro Eckhart. Tratados y sermones