Dios reina a la vez en el cielo, es decir en el mundo del espíritu fuera del espacio del tiempo, y llena al mismo tiempo el mundo temporal de los hombres con su presencia. Y porque el hombre se percató de esa presencia y es consciente de su santidad, el profeta Isaias que recibe esta visión grita: "Ay de mí, estoy perdido; pues yo soy un hombre de labios impuros".
Esta es la clásica reacción del hombre ante cualquier experiencia mística auténtica: la conciencia de la presencia divina despierta en el hombre la correspondiente conciencia de su propia indignidad y su necesidad de purificación.
Lo realmente notable en la visión del profeta está en que esta purificación no se realiza por su propio esfuerzo, sino que la purificación es obra de Dios, y su efecto consiste en disponernos para entregar el mensaje de Dios a los hombres.
Hilda Graef. Historia de la Mística
Muchas almas
Muchas almas emprendieron y emprenden cada día este camino y perseveran mientras gustan las sabrosa dulzura de la miel y del fervor primitivo; pero apenas cesa esa suavidad y placer sensible, por la tempestad que sobreviene de la tribulación, tentación y sequedad, necesarias para llegar al monte de la perfección, cuando declinan y vuelven las espaldas al camino: señal manifiesta de que se buscaban a sí mismas y no a Dios y a la perfección. Miguel de Molinos. Guía espiritual
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