Durante los primeros años de mi conversión a Cristo, la insondable bondad de Dios me lanzo “cruelmente “ al infinito, haciéndome sentir mi insuficiencia, mi kenosis, mi “ nada “. Gracias a este don mi corazón se purificó de la herida mortal del orgullo y se volvió capaz de contemplar a Dios en el amor y la paz, de recibir de Él una vida nueva, incorruptible.
La Oración, experiencia de eternidad. Archimandrita Sophrony
Muchas almas
Muchas almas emprendieron y emprenden cada día este camino y perseveran mientras gustan las sabrosa dulzura de la miel y del fervor primitivo; pero apenas cesa esa suavidad y placer sensible, por la tempestad que sobreviene de la tribulación, tentación y sequedad, necesarias para llegar al monte de la perfección, cuando declinan y vuelven las espaldas al camino: señal manifiesta de que se buscaban a sí mismas y no a Dios y a la perfección. Miguel de Molinos. Guía espiritual
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