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Atestados de distracciones

Una de las primeras cosas que descubrimos al comenzar a orar es que estamos atestados de distracciones y que no es tan fácil ir más allá de ese nivel superficial de los análisis y planificaciones del ego, hacia lo profundo. Es humillante descubrir que después de toda nuestra educación, con todos los títulos alcanzados en tantas áreas de capacitación, no podamos permanecer en quietud más de unos instantes, mientras nuestra mente deambula creando fantasías ridículas con pensamientos  que circulan por todos nuestros niveles mentales. No podemos permanecer en quietud. Cuando comenzamos a orar y descubrimos esto, se nos presentarán inmediatamente dos tentaciones enfrentadas. La primera será abandonar completamente y decir: "No tiene sentido, no vale la pena, esto me supera". La segunda tentación será decir: "Analizaré lo que está pasando". La primera tentación  nos conduce  a la desesperación  o a evadir el desafío. La segunda es la tentación que nos conduce a la autoob...

La tradición meditativa

Lo que la tradición meditativa tiene para comunicarnos es que Dios no es un problema, ni nuestra vida es un problema. Dios es un misterio y nuestra vida es un misterio. En presencia del misterio lo único que tenemos que hacer es dejarlo estar. Concédanle al misterio ser en toda su plenitud. Déjenlo revelarse. Cuando oramos eso es exactamente lo que hacemos. Dejamos a Dios ser Dios. Nos dejamos estar en su presencia. Ese es su extraordinario poder. John Main OSB. Silencio y quietud

Orar para ser la persona que estamos llamados a ser

Ocurre algunas veces que, a medida que oramos, especialmente en nuestros comienzos, somos invadidos por una profunda paz. Entonces decimos: "'Esto es maravilloso. ¿A dónde me llevará? ¿De qué se trata esto? Lo experimentaré". En ese momento, dejan de repetir la oración y lo más probable es que, cuando eso ocurra, la sensación de paz se habrá ido o se convertirá en un simple recuerdo. Pero ocurren aun cosas peores, porque,  habiendo  perdido esa sensación de paz, estarán determinados a recapturarla. Comenzarán, entonces, a repetir la palabra con mayor fuerza e intensidad, más egocéntricamente para tratar de alcanzar esa paz nuevamente. Sin embargo, la oración, como la describió San Juan de la Cruz, es un camino de desposesión. No estamos tratando de poseer la paz o a Dios, ni buscamos obtener gracias, consuelo o algo en particular. No estamos pidiendo nada. Oramos  porque es necesario que medite­mos, por lo tanto, meditemos sin demandas, renunciando a cualquier clase de...