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En relación con la oración

En relación con la oración, la tradición nos enseña que el cristianismo no es, básicamente, ni una teología ni una ideología. No vive desde la mente. Es, en verdad, una apertura total y personal a la persona de Jesús. En esa apertura, somos tomados por El y llevados al Padre. El cristianismo es la religión de la trascendencia que nos ve trascendiendo nuestra propia vida limitada y entrando en la ilimitada vida de Dios. Enseñamos oración dentro de una tradición de oración que une a Juan Casiano y a los Padres del Desierto con La nube del no saber, del siglo XIV, y con, por ejemplo, el abad John Chapman del siglo XX. Enseña la forma esencial de responder a la verdad cristiana básica, plenamente abiertos a la realidad de la vida de Jesús en nuestro interior, más profundamente de lo que las palabras y pensamientos puedan alcanzar. Nos enseña que el camino a lo profundo, es una forma de discipulado espiritual. Debemos aprender a ser disciplinados. La disciplina esencial es nada menos q...

Al presentarme en solitario ante Dios

Al presentarme en solitario ante Dios y salir a su encuentro, el camino que elija no es ni puede ser ya más que mi propio y personal camino. Ahí se trata en exclusiva de mi persona, de si yo me presento con honestidad ante ese Dios y trato realmente de descubrir lo que Él quiere de mí. Ninguna otra persona puede hacer eso por mí. Anselm Grun OSB. El misterio más allá de todos los caminos

Dios ha dejado grabada una huella

Dios ha dejado grabada una huella de Él en nuestro corazón. Esa huella en nuestro corazón es el anhelo. Y el anhelo de Dios podemos siempre percibirlo. En el anhelo de Dios está ya Dios. Anselm Grün OSB. El misterio más allá de todos los caminos

La oración es la conciencia de Jesús

La oración es tan importante porque es la conciencia pura de Jesús que quema nuestro ego. Su gloria es el poder de una humanidad plenamente realizada, y el comprometernos en una relación con esa humanidad nos posibilita para actuar más allá de los confines de nuestras autolimitadas percepciones. La gloria es lo que quema lo pecaminoso. El camino cristiano se centra en Cristo, antes que en las ilusiones de nuestra prisión egocéntrica. No tenemos que concentramos en nuestras ilusiones o tendencias pecaminosas, sino, simplemente -y esto no significa fácilmente-, permitir que la gloria de Cristo las disipe, denunciándolas como la simulación que son. La gloria disipa completamente cualquier cosa que no sea gloriosa. De esto se trata la oración cristiana. No es el autorrechazo o la humildad engañosa. Ni tampoco la dependencia egocéntrica o el temor a un Dios paternalista. Ni tampoco es el juego psicológico de nuestra propia mente. La oración es transformación en gloria. Es vivir en...

Para la gente de hoy

Para la gente de hoy, la palabra oración sugiere a menudo pasividad o inacción, pero no es ninguna de estas dos cosas. La oración es el camino a un estado pleno del ser. Verdaderamente es el estado del ser anterior a toda acción, y sin el cual toda acción tenderá a ser superficial, sin significado de permanencia. Toda acción sana en nuestras vidas debe fluir de nuestra unicidad con el ser. Esto significa que al orar aprendemos a estar absolutamente alertas y a aceptarnos a nosotros mismos de manera plena, amándonos y conociéndonos arraigados y fundamentados en la profunda realidad que llamamos Dios. Durante la mayor parte de nuestra vida, vivimos en el nivel superfi¬cial, reaccionando casi siempre a lo mediático. Pero, en la oración no reaccionamos ante estímulos externos. Aprendemos más bien a vivir desde las profundidades de nuestro ser, en donde encontra¬mos y respondemos al supremo y único estímulo: nuestro Creador. Cuando nos alineamos en respuesta a esa fuente que nos...

Llega un momento en el tiempo

Llega un momento en el tiempo, después de haber comenzado a orar, cuando la novedad egocéntrica se empequeñece y se hace notar lo ordinario de ella. Es, irónicamente, en este momento, cuando nuestro egocentrismo comienza a desvanecerse y la experiencia de plenitud comienza a crecer, que mucha gente abandona. La fuerza que en ese momento nos permite continuar, permitiendo que el misterio se expanda en el centro de nuestro ser, es lo que llamamos fe. La Iglesia siempre ha sostenido que la fe es un don. La fuerza que nos permite viajar a lo profundo de lo ordinario de la oración es totalmente personal. Pone de manifiesto en nosotros una madura aceptación, pero que no es nuestra en el sentido pasivo o autode¬pendiente. Conocemos esa fuerza como la fe que el mismo Jesús nos comunica a través de su conciencia, que habita indivisiblemente en nuestro interior. Recibimos este poder de esta fuente que brota desde lo profundo de nuestro espíritu, en donde habita Su Espíritu. Lo recibimos tamb...

La oración y nuestro compromiso con ella

La oración y nuestro compromiso diario con ella son, simple¬mente, el estado de conversión; el vivir, no desde la imaginación o ligados a las imágenes, sino el vivir arraigados en la realidad que es Dios. Lo conveniente, entonces, es ir más allá de todos los pensa¬mientos, más allá de la imaginación, a esta realidad de Dios. De eso se trata el repetir nuestra palabra, nuestra oración sagrada: trascender todo pensamiento y todas las imágenes abriéndonos a la suprema realidad de Dios, que es amor. Nuestra invitación como cristianos, la invitación que todos recibimos, es a vivir nuestras vidas en ese estado dinámico de conversión con una perspectiva infinita: toda la vida, toda la historia todo el tiempo iluminado por el amor de Cristo. La cruz es el gran símbolo cristiano porque su plano horizontal es interceptado por su plano vertical. La visión cristiana no presupone relegar esta vida ni es una negación de la historia o del tiempo, sino una apertura al gran acontecimiento de la propi...